Reflexiones de la cuarentena… La esclavitud del home office

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La esclavitud del home office.

Por Liz Carrillo.

 

Trabajar desde casa sonaba muy divertido, pero la ilusión se desvaneció cuando nos dimos cuenta de la realidad. Como en todo cuento de hadas el principio es maravilloso, se pensó en los beneficios como por ejemplo: olvidarse de las carreras al despertar, el terrible tráfico, los chismes de la oficina, ese molesto compañero que se cree muy gracioso y a todos cae mal, la hora del almuerzo sería en la comodidad del comedor, que belleza de imágenes… el mundo ideal para muchos.

O triste realidad, el trabajo y la casa no se llevan bien. Siempre hay algo que hacer, aún nos quedamos dormidos, almorzar ¿qué es eso?, el horario laboral no existe, el tiempo para entregar los trabajos siempre es urgente y las reunionitis son una tras otra sin cesar y apenas son las 9:15 de la mañana.

Si tienes hijos olvídense de tener tiempo libre, preparar el desayuno y limpiar antes del primer enlace por zoom es una tarea a contratiempo; a esto le agregamos la escuela en casa y tener la comida a tiempo. Todo se acumula en instantes.

Se dan los buenos días en los 5 grupos de la oficina, en el que está el jefe, el de las amigas, el del equipo de trabajo para las emergencias, del otro equipo de trabajo donde solo mandan chistes y otro donde se envían las circulares, todos confirman de recibido pero nadie hace nada por que están distraídos contestando mensajes privados con otros compañeros además de los grupos de la escuela.

La moda de hacer video llamadas a toda hora, por cualquier pretexto invade la privacidad de la casa en donde creímos estábamos a salvo de los rumores. Nuestros ordenadores se saturan de apps que se suponen tiene el fin de hacernos las labores con más eficiencia, naturalmente nos confundimos con las plataformas, con los inicios de sesión y contraseñas.

Este desorden de comunicación hace que el horario de trabajo se extienda a un tiempo en el que normalmente ya estaríamos libres. Llegan correos electrónicos a las 9 de la noche avisando sobre la reunión que se llevó a cabo a las 3 de la tarde.

En cierta manera es comprensible todo este alboroto, casi nadie estaba listo para la modernidad del home office.

Por mi parte hace tres años aproximadamente estuve laborando para una empresa con esta modalidad, al momento del contrato todo lo pintaron perfecto, aunque faltaban pequeños detalles por organizar el trabajo en sí sonaba maravilloso y acepte la propuesta pensando en el beneficio de que tendría tiempo de atender a mis hijos.

Viví esclava del celular, siempre con los datos abiertos para que me pudieran localizar a toda hora y a toda hora es textual, llamadas durante la comida, órdenes de trabajo a las 2 a.m con entrega inmediata para las 6. Asistir a reuniones presenciales a la oficina local con avisos previos de 5 minutos porque ya tiene media hora que comenzaron sin mí ya que olvidaron notificarme.

“Licenciada, toma café” me decían, “en un rato más te envió la información”, pero ese rato se podía convertir en días y de repente justo cuando estaba en el cine durante el sábado por la noche me marcaban para avisarme que urgía me pusiera a trabajar.

Pese a todos los infortunios me divertí mucho, ahora me rio de todas las vivencias por las que pase durante mi paso de home office, es por este motivo que entiendo lo difícil que puede ser, sin embargo creo que es una buena opción en especial para las madres que tiene hijos pequeños y para quienes pasan mucho tiempo en el tráfico.  Mucho depende de lo organizados que sean desde las empresas para poder tener éxito con el trabajo desde casa.

Falta poco para volver a la oficina y me imagino a muchos besando el suelo de sus centros de trabajo como el Papa besa el suelo después de un vuelo. Ánimo a todos los que aún hacen home office ya verán que luego se van a reír de sus anécdotas, todo pasa y esto también pasará.