Miscelánea

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Por Francisco Javier Contreras Díaz

Nuevamente se cancela el diluvio de alegría y solaz esparcimiento de las familias macondistianas. Permanecerá cerrada esa campiña donde las clases sociales se diluían pues el derroche era igualitario y la oferta de bienes y servicios lúdicos se convertía en una sinfonía. La Kermés Nacional de Macondistán, orgullo y monumento a la emoción de saberse poseedor de las festividades posmodernas. La calidad no se escatima y la Kermés se vuelve referente para lo trascendental por eso es que la vida sociocultural de Macondistán tendrá que soportar esa herida abierta por la mil veces maldita peste covidiana. La noticia de la cancelación fue una puñalada para todos aquellos que ya alucinábamos con estar en infinitas vueltas en los carruseles de caballos de madera, en las sillas voladoras a velocidad de náusea o degustando la exquisitez de las tortas de chorizo. Un alucine, un desafío sensorial, eso es nuestra Kermés.

El teatro del pueblo como centro de la erudición, nicho de la pureza poética con derroche de talento que va desde la galaxia de un Ricky Martin fantasmal y pirata a la sensibilidad impar de Julión Álvarez como estrellas de la cultura clásica y de un exquisito consumo masivo. Espacio solo para los grandes, ágora donde admirar a los mitos de la talla de Rogaciano y sus Churumbeles de Tepetongo, la sensual Mireya y la Sonora Cardenche. Otros que alimentan a las masas son esos guerreros del romanticismo encarnados en el cuarteto Los Empresarios del Amor, dueños de los impulsos afectivos de millones. El público conocedor y exigente aplaude a rabiar las tres horas de show vertido por ese grupo músico-vocal que construyó el único imperio a la explosión demográfica de los teatros populares en base a tonadas simples y pegajosas que emergen de las gargantas de Los Destripados Celestiales, con sus éxitos que han ocupado la cúspide del hit parade, Arqueólogo de mi corazón y Labios Poliédricos.

Para la juventud también el teatro del pueblo tiene su menú. Resulta una experiencia religiosa certificar que el programa cultural de la Kermés Nacional de Macondistán incluye grupos y organizaciones de vanguardia, señalamos únicamente a las insignias, como el grupo de rock regresivo Borracheras Amateurs o Dormitorios Exquisitos con su vocalista Alma Grande. Pero el segmento inculto no es ignorado, también son objeto de atención y han disfrutado de las gigantes interpretaciones de la Orquesta Sinfónica del Nopal como La octava Sinfonía de Prokovski, Atila y sus caballos o Los Siete Puntos Cardinales. También es icónico su propuesta de cine de vanguardia y quién no recuerda la proyección de los laureados filmes Los hombres deseamos ser odiados, La intemperie es el Paraíso o El Partido soy yo.

El comercio de cortes de casimir inglés, loza de peltre, redes para el mandado, vasos, cucharas, ollas, jarros de barro y jorongos estampados con fieras indómitas constituye la fuerza para integrar a los excluidos, para visibilizar a los desafiliados de la demanda. Estos modernos mercaderes fortalecen la integración social de los que antiguamente habían visto desplomarse su demanda efectiva y con sus actuales ingresos y ganancias de su cartera de inversión han, por fin, superado este desolador panorama de anemia en el consumo. La Kermés Nacional de Macondistán fue ejemplo de lo amigable que pueden llegar a ser las fuerzas del mercado, incluso hubo una propuesta del inmaculado Patronato para que al corredor comercial se le impusiera el nombre de “Pasaje Comercial Enrique Calderón Fox” y que se convirtiera en vanguardia.

Pero hoy la luz para encontrar y devolver el éxito de la Kermés Nacional de Macondistán está en reconocer que el pueblo tiene derecho a que la izquierda gubernamental escuchen a los ciudadanos y, pese a las circunstancias, convertir a los excluidos y marginales en grupos privilegiados que puedan disfrutar de su Kermés favorita dentro de dos lustros, mientras tanto se convoque a las multitudes a desprendernos de unas lágrimas por la espera y la esperanza de que los visionarios del Patronato decidan realizarla, sin importar que se prohíba el acceso a las masas. Con que sepan que se está realizando en solitario seremos felices.

 

La última y nos vamos. Seguimos bajando la guardia y relajando todo y no creemos en el rebrote de la peste. Alguien o algo nos lo cobrará y alguien pagará. ¿Es tan difícil acostumbrarnos a cuidar de nosotros?