Miscelánea

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SÍNTESIS INFORMATIVA
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Francisco Javier Contreras Díaz

 

Anastasio María Fromm, corresponsal de guerra de The Macondy Sun sostiene que “cuando la sociedad descubre que el cartílago de aleta de tiburón es afrodisiaco y éste se vuelve inaccesible por el precio, la gente termina comiéndose las uñas. Este espectáculo también se puede admirar cuando alguien se atreve a destruir los candados de todas las jaulas y los humanos tienen la oportunidad de volar y decidir el rumbo. Pero se lo impide su colonización ideológica y no se atreve a emprender nuevas y venturosas transformaciones. Están condenados a ser la servidumbre de quienes les han mentido por décadas.” Sentencia vigente que nos recuerda la actitud de manada que adoptamos cuando nos dan la oportunidad de soñar. Los delincuentes no se inmutaron y la ranciedad de sus virginales acciones quedaron a salvo sumergiéndose en ese manto protector de complicidad –por acción u omisión- de millones. 

Las consultas a la ciudadanía vienen de larga data, la primera de la que existe registro fue la que realizó el Instituto Paradisiaco Electoral (IPE) por encargo de nuestra madre Eva, dicha consulta pública se realizó para que Adán y Caín decidieran si se este último merecía un castigo ejemplar por haber asesinado, con todas las agravantes, a su hermano Abel, evento que constituyó haber extinguido a la mitad de la de la población juvenil del planeta. La encuesta fue simple sólo se preguntaba: “¿Consideras necesario que el fratricidio que nos ha horrorizado nunca debe de prescribir y debe ser castigado severa y ejemplarmente con el incesto?” los consultados debían tachar una de las dos opciones (si/no). Los archivos de la época dan cuenta de que se instalaron 12 casillas y sólo votaron la serpiente y la manzana, de tal manera que el resultado no fue vinculante y Caín feliz porque sus fechorías fueron ignoradas por la apatía de Eva y Adán.

En el transcurso del proceso de hominización se han realizado otras consultas ciudadanas que han devenido en acciones festivas y vitales aderezadas con amor pleno y sublimes herejías. Los faraones consultaban a los albañiles para que definieran el sitio donde serían colocados los spas en los cuales se relajarían después de una tarde de colocar bloques en las pirámides. La historia contemporánea también registra este ejercicio democrático cuando Colón consulta a la tripulación para decidir si deseaban continuar o regresaban a Palos (sólo votó el joven Triana). 

En el posmoderno Macondistán también presumimos experiencias, pues no resulta extraño que se convoque a consultas al proletariado sobre temas subliminales y las autoridades nos otorgan estatus de huéspedes cinco estrellas. Podemos enumerar solo algunas, pues los consultados ya conformamos una reserva de mano de obra, una masa adiestrada en rellenado de consultas populares. Se nos tomó parecer sobre la entrega del subsuelo sin esperar beneficio de retorno triunfando un apabullante sí y ahora esperamos el colapso natural para que nuestros líderes lo transformen en una oportunidad turística. Concurrimos en tropel y vertimos un democrático y rotundo sí para que la clase política que nos gobierna nos extienda un certificado de extranjeros en tierra propia y que todo Macondistán sea su propiedad, votamos por nuestra refeudalización y el esplendor que acarreará. Dimos un sí incondicional para que la ley y la justicia jamás persigan a quienes han expropiado o privatizado alguna moneda de la hacienda pública, pues esta consulta incluyó un salvoconducto familiar hasta la quinta generación. Las consultas ciudadanas, lo dijo Anacleta Pertini, decana de las corresponsales de páginas de sociales de Macondistán, “las consultas ciudadanas es un orgasmo político, es lo más chic a lo que puede aspirar una sociedad que se considere como tal. Es porte y gallardía, es habitar la trivialidad de bañarse en un sauna vestido. Las consultas son los rayos de la impunidad para esos seres a los cuales desde hoy les digo: después de que festejen su impunidad espero que vengan a mi casa a comer o a cenar, lo que les plazca. Será un honor inmerecido.”

 

La última y nos vamos. La consulta es de quien la trabaja.