Miscelánea.

SÍNTESIS INFORMATIVA
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Por Francisco Javier Contreras Díaz.

Estamos de acuerdo con don Epifanio Bakunin cuando, en su ensayo A qué huele lo sublime, sostiene que “Desde la aparición de la magnum opus de la superstar de las letras contemporáneas, Alfonsina Darwin, Padre omnipotente, hazme viuda, nada ha calado tan hondo posterior a la famosa Carta a los Tesalonicenses. Los deseos de los mortales ya no serán los mismos, ni como perspectiva ni como deseo. Hoy nuestras aspiraciones se dirigen hacia lo sublime; hoy deseamos pertenecer a una franquicia que obsequian los Ilustres Empresarios Electores (INE) y nos catapulte al paraíso presupuestal. Hoy nuestra existencia ha acrecentado nuestra repugnancia por lo marginal que significa militar en la oposición que no es otra cosa que la inutilidad de huelgas de hambre, toma de ruinosas instalaciones parlamentarias caducas, inscribirnos en oposiciones remuneradas o sindicalistas simbólicos.” De la luz bakuniniana se desprenden varios destellos: el reseteo de la mentalidad de apoyos a las franquicias no se obtienen las recompensas individuales; las franquicias han extraviado la capacidad para adivinar el IQ infinito que poseemos, menos se dignan a ofrecernos algo a cambio de nuestra incondicionalidad y; sin importar que no genere antigüedad, por una diputación plurinominal, alguna senaduría, una regiduría o un espacio en la nómina de asesores. A cambio, cedo mi ideología –si es que he llegado a ejercer alguna-, todo tipo de indemnización, mis derechos, prestaciones como aguinaldos, vales de improductividad, vacaciones subsidiadas, diplomas de cuarenta años de servicio, reparto de utilidades, quinquenios.

Todo puede ir bien pero nunca falta la aparición de un familiar que ejerza su derecho de sangre, los cachorros de la revolución (¿quién dice que esa maravilla colonial ha desaparecido?) que reclamen a las candidaturas como aprovisionamiento y pátina curricular. Cuando se es un nadie, un fantasma sin ligas dentro de la estructura partidocrática, cercanía con los dueños de las brújulas y los mapas, se está condenado a gestionar la credencial de la Sociedad de los Ilusos. Secundino Karamazóv responde a Epifanio Bakunin en su mítico ensayo Lo sublime huele a Patchouli, en donde rebate y sostiene “el reparto de candidaturas ganadoras y espacios asignados plurinominalmente, no obedecen a berrinches, cuotas con los adherentes, las definiciones son situaciones anímicas de los propietarios de las franquicias, que los políticos vulgares llaman Partidos. Situación que se edita cada tres o seis años que viene a formar parte vital del folclorismo nativo.”

El debate profundo no queda ahí, Telésforo Kirilov (2019-  ), misionero y evangelizador de neonatos, oriundo de Macondistán, intenta poner orden en tan sensata polémica al dictar cátedra cuando suelta que “La distribución de espacios públicos es, en primer lugar, una muestra de atinado nacionalismo, del arte de gobernar, es un reparto de emociones. Obsequiar asientos parlamentarios, oficinas de poder, alcaldías enteras, es un desgarramiento del alma. Nada sencillo enfrentar esta tortura del espíritu, considerando que pocos son merecedores de ser objetivo de esa frase áurea Dios omnipotente, hazme funcionario, no estamos frente a un ejército de improvisados, la lealtad de los elegidos ha estado con el poder sin adjetivos. Será lo de siempre: los tránsfugas son garantía de humildad y sumisión canina, de candidez gatuna. Que los movimientos de tu mano derecha no los perciba la izquierda (por inexistente), sin alucines paranoides ni poses tremendistas. La añoranza de los excluidos será tratada en su próxima reencarnación. La sabiduría está en quien otorga los sillones y los que los reciben en la suprema movilidad ideológico-político. A los excluidos y sin pedigrí, se les manda lejos.”

El nuevo congreso conformado por héroes del pueblo, será la cuna de la destreza para encumbrar al Macondistán a niveles delirantes de desarrollo, lo llevarán en penitencia a sus espaldas y comenzarán a remontar la adversidad. Sí, claro, lo que ignoran es que lo harán sobre escaleras despedazadas.

La última y nos vamos. Cierto, la formación marxista, leninista, troskista, las lecciones memorizadas de la Luxemburgo, recitar las obras completas de Engels, de Gramsci, de Prokovski, de Proudhon, de Mao Tse, Bakunin, Stirner, Keynes, los Flores Magón y Juan Pablo II, de una representante popular, harta de rescatar semanalmente al Issstezac, propone finiquitarlo. En idéntica lógica, los ciudadanos exigimos extinguir el congreso y todo presupuesto (herramientas legislativas) ya que los resultados son, exageradamente eficientes y ya crearán una crisis de por abundancia de bienestar, seguridad y han colocado a Macondistán al nivel de Suiza. Que desaparezca el Congreso (disculpas por escribirlo con mayúsculas). Aunque nos perdamos la luminosidad analítica de nuestros representantes populares.