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Por FJCD

Una de la evidencia de que el homo sapiens-sapiens no es un plástico que cubre las neuronas, sino las promesas que se cumplen o lo férreo de las ideologías. De acuerdo a los profundos estudios de los militantes posfreudianos, la ideología mutante se deriva de fuertes ataques místicos (no míticos) que solo las grandes almas suelen experimentar frente a las masas que, sumisas, les votan y se alegran cuando ven sus nombres figurar en el listado plurinominal; que con su inclusión se convierte en un olimpo de dioses paganos. El mayor milagro y la mayor heroicidad de estas almas se encuentra en el caos primigenio de una franquicia aldeana que regala candidaturas únicamente a esos seres que se autodefinen como sobrenaturales, seres redivivos, rescatados del inframundo y un infinito prestigio social.

Don Rosalío Chamberlain, el excelso y apasionado cronista de la fantasía política que disfrutamos en Macondistán, en su novela histórica El independiente mitológico, (Adobe Ediciones, 1994), en un diálogo entre su personaje central y un ingenuo aldeano, el primero le dice: “No existe ley que me obligue a mantenerme en una ideología, soy ideológicamente polivalente, quizá me autodefino como un sacrificado tránsfuga del corto y largo plazo. Poseo una ideología inflamada con silicona, una trayectoria política atiborrada de esteroides pragmáticos.” A lo que el ingenuo aldeano le replica: “Considero que quien lo impuso en las plurinominales nos debe una indemnización ética a todos los que sufragamos por su resplandeciente franquicia.” He aquí una espléndida y perfecta definición de lo que significa el transfuguismo, un costumbrismo identificado con un infinito ir y venir de pantaletas, pero por respeto a tan sublime prenda, la sustituiremos por calcetines.

Como máxima expresión de la inteligencia política, de los <<homo politicus>> se encuentra en el hecho de que una vez que alguna de las franquicias más sublimes de la humanidad y su filosofía del futuro les instale plácidamente en el listado plurinominal a los dos minutos de “tomar protesta” tienen la sabiduría doctrinaria para declararse “independientes”, que al final es una atinada decisión de carácter estratégico. Declararse diputado, senador o regidor “independiente” lo definió espléndidamente Agripino Necháyev, “El rey de la torta de chorizo”, cuando sostuvo que, “El declararse ‘independiente’ constituye un gesto planeado para obtener el aplauso de la muchedumbre. En tiempos donde la independencia se diluye en el subconsciente colectivo resalta la validez empírica de que la lealtad a los principios –cualquiera que éstos sean- significa la burocratización mental, perder el vigor de lo tránsfuga o plantar en tierra infecunda la burla hacia los ingenuos que hicieron posible la llegada de los ‘pluris’ a sus aromáticas dietas.”

Los políticos que acechan un puesto plurinominal de la mal llamada “elección popular” (los elige el patriarca o las burguesías de la franquicia, no los votos) para después, en un acto de congruencia consigo mismos declararse “independientes” (¿independientes de qué? ¿no será que son más ‘dependientes’ que antes?). Esto lo reafirma don Caritino De Gaulle, insigne inventor de las tostadas de cueros curtidos con una bola de nieve coronándolas, en su ensayo prometeico “El pasodoble verdugo del reguetón camaral”, es inclemente al afirmar que “Todo aquél que se declare ‘independiente’, de ninguna manera constituye un subproducto de la definición política. Los ‘independientes’ son capaces de hacer milagros y establecer un debate con Dios y ganarle. Son excesivamente aferrados a la castidad ideológica, la pobreza moral y la obediencia ciega al gerente de la franquicia dominante en turno. Cuando están frente a sus votantes son capaces de tener visiones y presentar estigmas en manos, pecho, cerebro y credencial de elector, cualidades que exhiben con facilidad demencial. Los independientes no son animales prehistóricos, es la regla: todos lo son, aunque parezcan distintos.”

La última y nos vamos. ¡Macondistianos! ¡Preparémonos para administrar la abundancia!